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sinequipaje

EL CUARTO DE ATRÁS

-¿No le gusta viajar?
-Sí, me gusta, pero nunca me lo propongo;para viajar necesito estímulo. creo que los viajes tienen que salir al encuentro de uno, como los amigos, y como los libros y como todo. Lo que no entiendo es la obligación de viajar,ni de leer, ni de conocer gente,basta que me digan "te va a encantar conocer a Fulano" o "hay que leer a Joyce" o "no te puedes morir sin conocer elCañón Colorado" para que me sienta predispuesta en contra, porque, precisamente lo que me gusta es el descubrimiento, sin intermediarios.Ahora la gente viaja por precepto y no trae nada que contar, cuanto más lejos van, menos cosas han visto cuando vuelven. Los viajes han perdico misterio.
-No-dice él-, no lo han perdido. Lo hemos perdido nosotros. El hombre actual profana los misterios de tanto ir a todo con guías y programas, de tanto acortar distancias, jactanciosamente, sin darse cuenta de que sólo la distancia revela el secreto de lo que parecía estar oculto.
La última frase la ha dicho mirándome con una expresión diferente, indescifrable, como si estuviera aludiendo a otra cosa. Y me perturba porque me recuerda a algo que me dijo alguien alguna vez.
-Sí...la distancia-digo, como tratando,en vano, de recuperar ese recuerdo titubeante.
-¿La distancia, qué?
Le miro. Su rostro vuelve a ser el de un desconocido, inmediatamente, sobre esa pauta, recompongo la expresión indiferente del mío, renuncio a la búsqueda, vuelvo al texto.
-Nada, que tiene usted razón. Ahora está todo demasiado a mano. Antes las dificultades para desplazarse eran el mayor acicate de los viajes, cuántos preparativos, los viajes empezaban mucho antes de emprenderlo.

align="right"¡Lo que significaba, Dios mío, salir al extranjero!, con qué vehemencia se deseaba, parece que estoy viendo mi primer pasaporte;cuando al fin lo conseguí, dormía con él debajo de la almohada de la cama las noches anteriores al viaje. Yo creo que por eso le saqué luego tanto sabor a todo.
-También sería porque era usted más joven.
-Sí, claro, tenía veinte años. ¿Pero cree que ahora sale con esa ilusón al extranjero la gente de veinte años?

C.M Gaite.
El cuarto de atrás

Para que nunca perdamos esas ganas de conocer mundo y sepamos saborear cada momento de nuestros viajes y de toda nuestra vida. No hay viaje más intenso que vivir.

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2 comentarios

Laura -

No creo que haya recetas ni preceptos. La vida es un viaje único y original que cada uno emprende. El irremediable destino final, la muerte, es común a todos. La lectura, la música y el arte, son algunas de las muchas formas de viajar, crecer y conocer otros universos...
Tal vez estamos rodeados de los "Hay que..." y como dice Verónica nos olvidamos de dedicarnos simplemente a vivir.

Juan -

Este post me viene muy a cuento. Viajar por precepto no es viajar, sino algo así como coleccionar cromos. Para viajar hay que saltar sin paracaídas, trasgredir las fronteras, intercambiar, es dificil de explicar, pero muy poca gente viaja de verdad. A mí me cuesta a veces.
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