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18/01/2005
Nunca había montado en globo. En realidad, lo más lejos que había estado del suelo era en el séptimo piso de casa de mi tía o en alguna que otra montaña rusa. De pequeña solía ver a Willy Fogg reproduciendo los viajes surgidos de la mente de Julio Verne en “La vuelta al mundo en ochenta días”, así que, al final, fue como un sueño hecho realidad.
El verano de 1998, cuando una amiga catalana me sugirió hacer un recorrido turístico, acepté encantada. Era la primera vez que viajaba a Barcelona y tenía muchísimas ganas de verlo todo. Cuando ya estábamos concretando el plan, me aclaró un detalle importante, el viaje era en globo aerostático. Admito que la idea no me hizo mucha gracia en un principio, pero en seguida me animé. 21 de agosto de 1998. Un día soleado y tranquilo. Mi amiga llevaba tres días tratando de convencerme de que cada jornada que pasaba era la idónea para montar en globo, pero yo retrasaba el evento. ¡Con las rachas de viento que corrían…! Al final llegó el gran día. Partimos de Puigcerdà. La verdad es que impresiona bastante montarte en una cesta... ¡de mimbre! y ver la llamarada de gas tan cerca. Poco a poco el globo trataba de elevarse. El guía desprendió los pesos y nos separamos del suelo. La sensación es muy extraña. Yo me sentía muy frágil, al libre albedrío del viento. Sobrevolamos la Cerdanya, donde se distinguían pequeños pueblos rodeados de un paisaje verde. También pudimos admirar la omnipresencia de los Pirineos que parecían escudar al paisaje. Como el día estaba muy despejado, alcanzamos también a ver Montserrat, algo que, según nos explicó el guía, no es posible cuando hay nubes. 
Tengo que admitir que el trayecto fue precioso. Nunca había estado tan cerca de las nubes. También vimos diferentes aves, que revoloteaban curiosas a nuestro alrededor. El aterrizaje fue muy tranquilo, aunque bastante tenso para mí. Los cinco tripulantes del globo aerostático (una pareja alemana, mi amiga, el guía y yo) nos dirigimos a una masía típica catalana, donde nos ofrecieron pan tumaca , con embutido y butifarra como almuerzo. Finalmente, brindamos con una copa de cava y nos entregaron un diploma de vuelo que tengo colgado de mi cuarto. Lo más bonito, sin duda, las fotografías desde el aire.
16/01/2005
Todo ocurrió en mis primeras vacaciones a Estados Unidos. Me dirigía al país de los rascacielos, las multinacionales, las prisas, la mezcla desordenada de millones de personas, el caos el ruido… Sin embargo, no fue eso lo que más me impactó. Quién me iba a decir a mí que precisamente allí era donde iba a encontrar la mayor tranquilidad que había visto jamás.
Todo ocurrió un día de agosto, cuando estábamos en Nueva York. Mis amigas estaban cansadas y habían decidido quedarse en el hotel para recuperar fuerzas. A mí no me apetecía dormir, así que conduje hacia las afueras de la ciudad, buscando un paisaje que fotografiar.
De repente, ví una señal que llamó mucho mi atención: “Cuidado, carro tirado a caballos”. Me desvié por el camino de mi derecha. A los lados se extendía un trigal enorme y la señal anunciaba que vería caballos. Por qué no.
Al avanzar un par de kilómetros, me encontré con un pequeño poblado de casas de madera. Alrededor había pequeñas huertas y una iglesia. También había una plaza con una fuente y mucho, pero mucho, silencio. Al momento, los cascos de un caballo rompieron el silencio. Tras de mí una especie de carro de ruedas metálicas tirado por el animal salía del pueblo; las riendas las llevaba un hombre de barba, vestido con tirantes, pantalones y chaqueta negros y sombrero de paja. No había duda, había ido a parar a un poblado Amish.

De repente, la plaza comenzó a llenarse de gente. Me giré y caí en la cuenta de que salían de la Iglesia. Todos charlaban alegremente y felicitaban a una pareja que salía de mano. Parecía una boda, pero todo era extraño, no había arroz, ni fotos, ni gritos, ni trajes de gala. Sentí un tirón en mi falda. “ Hola”, me dijo la pequeña. " ¿Sabes?, cuando yo me case cambiaré mi pañuelo blanco por uno negro como el de ella”, señalando a la chica que estaba siendo felicitado por sus vecinos. " ¿Tú quién eres?”. Le sonreí y se acercó su madre. Ésta me hizo la misma pregunta y me invitó a tomar el té en su casa. No acepté en un principio, pero ante la insistencia de la mujer, y la curiosidad que me empujaba, terminé en un humilde salón, decorado con platas y telas, tomando el té más sabroso que he probado jamás. La mujer me dijo que era de la cosecha de su vecina. Ella le daba té, y verdura a cambio de pollos de su granja. En la casa me reuní con toda la familia, dos chicos gemelos de unos 18-19 años, una chica de unos 16 y la pequeña de 12, a quien había conocido antes. El cabeza de familia era un hombre que vestía de modo similar al del carro que había visto al entrar en el pueblo, sólo que éste no llevaba sombrero. Me llamó la atención que en la casa no hubiera televisor, ni equipo de música. Lo que alcancé a ver de la cocina era unos fogones de leña y, eso sí, ni un solo grifo. Charlamos durante casi hora y media. Los hijos eran tremendamente respetuosos y no pronunciaban palabra si no recibían permiso expreso de sus padres. La pequeña me contó cómo jugaba con los otros niños en el pueblo y que de mayor deseaba ser como su madre, que cosía unos vestidos preciosos. Me fijé en sus ropas y ví como tanto la madre como las dos hijas vestían unos trajes largos con un delantal por encima, dos de los trajes eran azules y el de la madre negro. Las tres llevaban un pañuelo en la cabeza, el de las hijas blanco y el de la madre negro.
Tomó la palabra el padre. Me dijo que no eran muy amigos de visitas de extranjeros (se refería a mí). Decía que la gente no hacía más que tomar retratos y que eso les incomodaba. Pero que les gustaba charlar. Me preguntó si no sentía curiosidad. Perdí la timidez inicial y le dije que sí.
Y así resumió aquel hombre de aspecto perdido en el tiempo su filosofía de vida: “Aquí tenemos una máxima: hoy por ti, mañana por mí. Y lo demás nos sobra. Si puedes prescindir de algo, ¿por qué llenar nuestra vida de objetos inútiles? Lo que ves es todo lo que tenemos y todo lo que necesitamos”.
Esta es una de las visitas que más me impactó de todo lo que visité en Estados Unidos, descubrir un modo de vida tan diferente a menos de dos horas de Nueva York. A la vuelta leí más sobre los Amish: una gente que sigue viviendo igual a pesar del paso de los siglos.
-¿No le gusta viajar? -Sí, me gusta, pero nunca me lo propongo;para viajar necesito estímulo. creo que los viajes tienen que salir al encuentro de uno, como los amigos, y como los libros y como todo. Lo que no entiendo es la obligación de viajar,ni de leer, ni de conocer gente,basta que me digan "te va a encantar conocer a Fulano" o "hay que leer a Joyce" o "no te puedes morir sin conocer el Cañón Colorado" para que me sienta predispuesta en contra, porque, precisamente lo que me gusta es el descubrimiento, sin intermediarios.Ahora la gente viaja por precepto y no trae nada que contar, cuanto más lejos van, menos cosas han visto cuando vuelven. Los viajes han perdico misterio. -No-dice él-, no lo han perdido. Lo hemos perdido nosotros. El hombre actual profana los misterios de tanto ir a todo con guías y programas, de tanto acortar distancias, jactanciosamente, sin darse cuenta de que sólo la distancia revela el secreto de lo que parecía estar oculto. La última frase la ha dicho mirándome con una expresión diferente, indescifrable, como si estuviera aludiendo a otra cosa. Y me perturba porque me recuerda a algo que me dijo alguien alguna vez. -Sí...la distancia-digo, como tratando,en vano, de recuperar ese recuerdo titubeante. -¿La distancia, qué? Le miro. Su rostro vuelve a ser el de un desconocido, inmediatamente, sobre esa pauta, recompongo la expresión indiferente del mío, renuncio a la búsqueda, vuelvo al texto. -Nada, que tiene usted razón. Ahora está todo demasiado a mano. Antes las dificultades para desplazarse eran el mayor acicate de los viajes, cuántos preparativos, los viajes empezaban mucho antes de emprenderlo. ¡Lo que significaba, Dios mío, salir al extranjero!, con qué vehemencia se deseaba, parece que estoy viendo mi primer pasaporte;cuando al fin lo conseguí, dormía con él debajo de la almohada de la cama las noches anteriores al viaje. Yo creo que por eso le saqué luego tanto sabor a todo. -También sería porque era usted más joven. -Sí, claro, tenía veinte años. ¿Pero cree que ahora sale con esa ilusón al extranjero la gente de veinte años?
C.M Gaite. El cuarto de atrás
Para que nunca perdamos esas ganas de conocer mundo y sepamos saborear cada momento de nuestros viajes y de toda nuestra vida. No hay viaje más intenso que vivir.
15/01/2005
Esta es la historia de la legendaria y mitica, Primera Ciudad. 
Cuando Caín fue expulsado del paraíso por el crimen contra su hermano,conoció a Lillith en el desierto.. Ella le enseñó las artes oscuras, que combinadas con la maldición impuesta por Dios, le dieron terribles poderes.Le enseñó a crear progenie y así lo hizo. Enoch, un joven ganadero de la primer aldea de los descendientes de Seth, era conocido por su tenacidad y su sabiduría de entre los suyos. Caín vió en él a su hermano Abel, quizás por su apariencia física o por sus habilidades y comportamientos. Lo cierto es que le conoció más profundamente y se convertieron en amigos inseparables. Una noche, Caín le contó la historia de su maldición y la de cómo había subsistido todos esos años. Enoch en vez de huir aterrorizado, pidió ser uno como él, y así lo hizo. Caín era feliz con la compañía de Enoch y le amaba, tanto que convirtió a otros dos mortales,Zilla y Abins, en vampiros a petición de este.
Marcharon por el desierto y allí fundaron una ciudad, Enoch, La Primera Ciudad,con el nombre del primogénito de Cain.La ciudad fue creciendo y al igual que su creador, los tres hijos decidieron aumentar estirpe. Entre los 3 hicieron 13 nuevos vampiros que empezaron a desarrollar sus diferencias. Ante este hecho, su padre decidio prohibir la creacion de nueva progenie. Pero esto no arregló las cosas ni mucho menos. Los 13 "nietos" de Caín se alzaron en sangre contra sus progenitores sumiendo toda la ciudad en un campo de batalla nocturno, mientras que de dia manipulaban a los humanos a su antojo.
Los 3 cainitas de segunda generacion, los abrazados por Caín desaparecieron. Cuando Caín vió lo que había pasado, expulsó de su ciudad a los 13 y él también se marchó. Aquel dia, impuso a cada uno una maldición que se extendería a sus ascendencias, como castigo a los crímenes que cometieron.
De la ciudad nunca mas se supo. Nadie que la haya buscado ha vuelto para contar que hay en ella.Solo unos miembros de círculos secretos y muy estrechos conocen todos sus secretos.Según los escritos que se han encontrado, es una ciudad que ya no pertenece a este mundo, si no a la umbra.Una dimension entre la tierra y el mundo de los espiritus.
De ser así se explicarían las historias que se cuentan, de magos que buscan sabiduria en sus muros.Pero aparte de estos, solo los Garou pueden acceder a umbra, y ninguna de estas especies tiene el menor miramiento con los vampiros. Sólo unos pocos tienen acceso debido a sus ideales e intenciones. Puede que sean de esas fuentes los rumores que se extienden acerca del paradero de el Padre y sus tres hijos. Voces dicen que los cuatro están en Enoch bajo un sueño profundo y duradero. También dicen que cuando lleguen los tiempos de la sangre y la estrella roja no brille más, cuando el fin de los dias llegue a nuestro mundo, se abrirá la puerta a Enoch y Cain y sus hijos vendrán a juzgar a su progenie, y será el fin del mundo.
No todos los viajeros somos iguales. Algunos prefieren seguir las rutas turísticas establecidas; otros viajan para descubrir un país por sí mismos, durmiendo al aire libre si es necesario. Algunos tienen su viaje planificado desde hace meses; otros escogen el destino con los ojos cerrados y prefieren lanzarse a la aventura.
Viajar es todo un mundo, y por eso en Sinequipaje hemos creado un pequeño cuestionario...
Descubre qué tipo de viajero eresEs un test rápido y divertido que sólo os llevará un par de minutos, y que os ayudará a averiguar si verdaderamente sois unos viajeros sinequipaje. ¿Os habeis parado alguna vez a pensar las cosas que se pueden hacer por los amigos? Hay cosas a las que no puedes decir que no, aunque realmente te dé terror hacerlas. 
Así tras largos días de indecisión y de dudas nos subimos a un avión camino a Utrecht!. Los motores se encendieron, y el avión se empezó a mover y a subir, y a subir, y a subir...cuando los oidos se me entaponaron y empezaron hacer ruidos raros...¡Ayyssss! Que me van a explotar!! Y abro la boca, más y más hasta que por fin lo noto.
!Está bajando! !Mirad allí abajo! !Se ven casas! ¡Estamos en Amsterdam chicas! Pamplona-Barcelona-Girona-Amsterdam-Utrecht...ya sólo queda media hora y le veremos. Estamos cansadas,las ojeras nos delatan, sólo queremos dormir. ¡EH! que está allí...esperándonos en el otro arcén. !!HOLAAAAAAAAAAAAAA!! Abrazos, besos,risas,esperanzas,ansiedad. Poco tiempo para tan pocas cosas. Hablar y hablar y hablar. No me había imaginado nada, ni siquiera había mirado en internet cómo era aquella ciudad.¡Qué preciosidad!
La residencia, unos enormes bloques de pisos con cientos de habitaciones. Las habitaciones que en un principio habían sido blancas estaban decoradas por firmas, dibujos, pegatinas que cada cual pone a su antojo. Quizás parezca un descontrol y quizás lo sea, pero gracias a eso, puede que al día siguiente cuando salgas de tu habitación te encuentres con una poesía de parte de aquella persona para la que eres importante. Recordad que estamos con Erasmus. Todos de un sitio diferente pero todos unidos por una misma experiecia. Vivir en un lugar lejos de casa donde la dificultad de la comunicación hace que la vida sea más que intensa. Una vez situadas, sin más tardar una siesta, una ducha y a preparase que es sábado y hay fiesta. Al día siguiente, nuestro primer paseo en bicicleta por la ciudad. Miento, no fue el primero, pero los demás iba en la parrilla. Por primera vez cojí "mi" bici. Los días eran frios pero teníamos las sensación de estar viviendo nuestro "Verano azul" particular. Las calles daban tranquilidad, las tiendas más curiosas y los canales nos acompañaban en el camino.
Una sensación me recorría el cuerpo. No podía dejar de pensar que todo era precioso y lo afortunada que era por haber encontrao un lugar en el que realmente me gustaría vivir. Quizás fue exagerao pero esa sensación no se me ha borrado. ¿Quizás es que el destino pretende que vuelva? Sí chiquilla, cuantos sacrificios hay que hacer por los amigos e?
14/01/2005
Partimos de la Tierra: 3… 2… 1… GO! Debajo de nosotros se enciendo una gran llamarada, el asiento vibra (menos mal que llevo el cinturón de seguridad puesto), algo nos empuja lejos del suelo… ¡Mira!, qué pequeñita se ve la gente desde aquí. Ya no hay gente. ¿Y esa cortina blanca? – Acabamos de atravesar los cirros, una especie de cortina de nubes blancas – anuncia una voz por la megafonía – Menudo susto. Vuelvo a mirar por el pequeño ojo de buey. ¡Ahí va!, pero si es verdad que la Tierra desde el espacio no es más que una pequeña esfera azul… Increíble.
Qué oscuro está de repente. Alrededor no hay nada. – "Señores pasajeros, estén atentos porque dentro de breves minutos pasaremos cerca de nuestro satélite, la Luna. No es nada que no puedan ver cualquier noche desde sus casas, la peculiaridad es que vamos a rodearla por lo que podrán ver la cara que siempre nos oculta." – Sigo mirando por la ventanita. Detrás se sienta un niño. Si me hubieran traído a mí aquí con su edad, incluso hubiera aprobado naturales…- Atención a la vista a través de la ventana que hay bajo sus pies, ahora mismo llegamos a la órbita de la Luna. Ese gran cráter que ven es el conocido como Mar de la tranquilidad.-
Estaría genial poder flotar por el espacio, tocar una estrella…- "En estos instantes rodearemos Marte. Podrán comprobar por qué lo conocemos como el planeta rojo y es que el terreno de su superficie, de origen volcánico, le confiere ese color"- No hay marcianos. Una pena. El giro resulta un poco brusco, además, debemos llevar el cinturón tan prieto para no flotar que me estoy angustiando un poco.- Señores pasajeros, durante unos minutos tienen la posibilidad de soltarse los cinturones y experimentar los efectos de la gravedad cero. Si aminoráramos nuestra marcha, que en estos momentos es de 39.000 Km/h, la gravedad de Marte nos atraería hacia sí, por lo que nos estrellaríamos sin remedio .-Qué simpática. Parece que la gente se lo suelta y no pasa nada. Voy a probar.
- Por favor, vuelvan poco a poco a sus asientos. En breves minutos nos dispondremos a aterrizar.- Me siento, me ato el cinturón. Acabamos de pasar la Luna. Oscuridad. ¡Mira! El puntito azul. Ahora es como un garbanzo. Ahora mayor…- Les ruego apoyen las cabezas en el asiento, se ajusten el cinturón y respiren hondo. Vamos a entrar en la atmósfera de la Tierra.- La nave se tambalea, nunca he montado en avión, pero esto debe ser parecido a las turbulencias de las que tanto he oído hablar. Cierro los ojos. Aprieto fuertemente las manos.

- Ya pueden soltarse los cinturones. Levántense despacio, es normal que se sientan un poco aturdidos.- Qué rojas tengo las manos. Tengo las piernas dormidas; será por la tensión. Menuda experiencia. Salgo de la nave. Hay fila para subir. Menos mal que estamos en Bremen. No me lo puedo creer. Este parque temático del espacio es increíble. Voy a ver el simulador de Star Trek.A ver quién me convence ahora de que realmente no he estado viajando por el espacio. No todos los viajes salen tan perfectos como creemos. En muchas ocasiones, nos sentimos defraudados y terminamos muy enojados. Ya no es solo cuestión de nuestro estado anímico sino de ciertas circunstacias como la pérdida de maletas, los escarabajos en las habitaciones, o el darnos cuenta que hemos sido engañados hace que año tras años haya un gran cantidad de quejas en las asociaciones de consumidores. Quien más o quien menos, se ha sentido decepcionado. 
Este fue mi caso ya hace unos años. Yo tenía 14 años y tras acabar segundo de la ESO hice mi primer viaje de estudios. Nuestro destino era Asturias, más concretamente la Bouza. Se nos dijo que era una granja-escuela con caballos, un montón de animales, fogones y hasta discoteca.  Todo un verdadero lujo. Nuestras bocas se hacían agua nada más pensarlo. ¡Imaginaros! Se puede decir que era la primera salida de todos los amigos en plan independientes, simplemente acompañados por unos monitores a lo que podíamos manejar a nuestro antojo.
Pero nada más llegar,la entrada al pueblo ya fue una decepción. Un pueblo pequeño que como mucho vivían 10 personas, el olor era insorpotable, la discoteca era una habitación con una bombilla de luz roja, no había ni un caballo y en la camioneta que nos llevaba de un sitio a otro no cabíamos todos. Muchos viajábamos tapados por mantas por si nos paraba la guardia civil. !Y para colmo! En la camionetas estaban pintados Heidi y Pedro rodeados de pajaritos! Quizás, si me ocurriese eso a estas alturas lo tomaría a broma, pero en plena adolescencia me resultaba bastante ridículo y me sentí hasta dolido. Y así es como llegamos a Oviedo para pasar el día. A los chicos nos dejaron sueltos sin monitoras. Tras el paseo de la sección de deportes del Corte Inglés, una vez en la calle, se nos acercó un hombre que nos preguntó nuestra procedencia y empezamos hablar del Osasunacuando de pronto nos dice: "Si correis, gritais o haceis algo ,saco un jeringuilla y os la clavo en el cuello". Nos quedamos paralizados, solo pudimos darle todo lo que llevábamos encima para que pudiese comprar su dosis y nos dejase en paz. No se nos pasó el susto en todo el día, no nos sepramos ni un momento y para colmo nos tuvimos que pasar todo el dia en un parque porque no podíamos ir a ningún otro lado sin dinero.
13/01/2005
Andong Hahoe es el nombre que recibe una de las aldeas tradicionales coreanas que podemos visitar hoy en día. También es conocida como la aldea del río giratorio, ya que el Nakdonggang cerca tres de sus lados. Esta aldea pertenece a los descendientes de la dinastía Jeosen y conserva tanto su estilo tradicional de urbanismo como la arquitectura de las casas. Actualmente, cuenta con 180 familias, todas ellas descendientes de la saga Pungsan Ryu.
 El mayor valor de este lugar es que no fue recreado de modo artificial, sino que hay gente que realmente vive allí. Muchas de estas moradas fueron declaradas Tesoros Nacionales, así como Yangjindang o Chunghyodang. Otras casas, en cambio, son valiosas por el material con el que fueron edificadas, ya que éste ha ayudado a documentar los orígenes del poblado.
Hay un motivo real, aunque es más bien es natural, por el que esta aldea ha resistido el paso del tiempo. Se encuentra situada en un lugar privilegiado, rodeada de una gran llanura de fina arena que termina en un precipicio. El resto de límites los marcan el río Nakdonggang y altas montañas, que impidieron que en otra época la aldea fuera invadida.

Sin ambargo, el mayor atractivo de la aldea para los turistas no es el paisaje natural ni su arquitectura. Su ceremonia de exhorcismo Byeolsingut, las Danzas de Máscaras y las representaciones teatrales tradicionales son lo que llama a visitantes de todo el mundo. Por ello, a finales de septiembre es el momento en que más gente hay en el poblado ya que se celebra un Festival de Danza de Máscaras de renombre internacional.
07/01/2005
Aunque sea más famosa por el diablo de los hermanos Warner, Tasmania es el nombre del único estado insular de Australia. Se trata de un paisaje al sur del país que conserva todo el encanto de una tierra apenas corrompida por la mano del hombre. Un paraje increíble que se extiende en las antípodas de nuestro territorio.
Tasmania está situada en el mar que lleva el mismo nombre. Es aproximadamente 32 veces mayor que Inglaterra y tiene una población de 19 millones de personas. El clima de la isla es lluvioso, de temperatura templada. Más del 30% de su territorio está declarado Parque Nacional y es el lugar ideal para los amantes de la naturaleza y los deportes de aventura.
Al sur de Tasmania se encuentra Hobart, la capital de la isla. Para los australianos es una de la ciudades más atractivas del país, debido a su mezcla de modernidad y paz. Sin embargo, lo que verdaderamente llama la atención al visitante es la cercana Port Arthur, una antigua colonia penitenciaria donde se encuentra el Museo de los Convictos. Aquí se narran numerosas leyendas que cuentan las fugas más heróicas conocidas.
Pero todo viajero que se precie debe darse un paseo por la zona menos visitada, el suroeste de la isla, conocida como la «Ultima Frontera». Esta zona está casi deshabitada, a excepción de algunos poblados dispersos. Los amantes del surf encuentran en las playas de esta zona de Tasmania un paraíso de olas y viento. En el oeste de la isla también se puede disfrutar de los cruceros que recorren el río Gordon. Para los amantes del senderismo y la pesca, el Parque Natural de Cradle Mountain es uno de los mayores atractivos. Cuenta con 126.025 hectáreas y está culminado por picos como el monte Rufus y lagos como el St. Clair, donde abunda la pesca de truchas. Para los excursionistas, la caminata más famosa es la que recorre el borde del lago desde su extremo norte hasta Cintya Bay, un paseo de 80 kilómetros en total. Además, el paraje permite practicar el rafting, ya que los ríos cercanos ofrecen una excelente oportunidad para iniciarse en el mundo de las aguas bravas.
Para todos los amantes de la naturaleza, el deporte, los animales y, sobre todo, para quienes necesiten cambiar de aires: un viaje que os dejará cabeza abajo.
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